4 may 2022

Única.

Sudada…

Temblorosa…

Agitada…

 

¿Recuerdas aquella imagen de Historia de O entre dos columnas?

La magia existe y no tengo que ver ninguna película para disfrutar de ella.

 

El pelo enredado…

De puntillas…

La boca entreabierta…

 

Una mirada tierna que pide que siga usándote.

Líneas que se escriben solas cuando pienso en ti.

 

Marcada por finas líneas rosadas…

Cuero envolviendo tus muslos…

Sonidos que se mezclan…

 

Sibilinas intenciones que me invitan a seguir pecando.

Venenos adictivos que compartir. 

 


 

1 may 2022

¿Se ha desvirtuado el BDSM?

En una de esas noches de chat donde hay oportunidad de tener una charla interesante, me planteaba mi contertulio (al que no cito por si le da vergüenza) si esto del BDSM no se estaba desvirtuando mucho.

La verdad es que nos centrábamos en el chat. El ambiente en la mítica sala mazmorra esta “enrarecido”.

Se quejaba de que casi todas las charlas que conseguía tener con alguna domina terminaban con suerte, en pedirle dinero o cuando había menos fortuna en una retahíla de insultos por no ser considerado “buen sumiso”.

Pero... ¿realmente ha cambiado tanto?

Recuerdo ya en mis inicios haber leído más de un “esto ya no es lo que era”. Sin embargo, eran los Dominantes masculinos los que se quejaban.

Sumisas no tan obedientes y protocolarias que no se ponían a los pies del primer “Hola perra” y que no ofrecían una entrega tan gratuita, esperando que también el Dominante se ganara su lugar.

No mucho tiempo después, las quejas empezaron a venir de las Dominas (y me incluyo en este sector). Pasamos del sumiso educado y también protocolario al que te abría privado ofreciéndote proporcionarle a tus zonas bajas todo el placer posible. Empezaba ahí una larga trayectoria de cosificación (o al menos no habíamos sido tan conscientes hasta entonces) y de falta de formas que se ha alargado al presente.

Las sumisas también han tenido su momento, y lo siguen sufriendo. De nuevo muchos intentan tratarlas como objetos gratuitos de los que esperan disponer por el simple hecho de declararse con un rol. Hombres que han visto en esto la oportunidad de conseguir sexo fácil y que entran como elefantes en una charrería disparando a diestro y siniestro.

Parece que ciertas cosas se ceban más con un mismo sexo, pero de eso ya hemos hablado por aquí (Y lo seguiremos haciendo).


 

¿Qué pasa con los sumisos? ¿Ellos no se quejan?

Desde el lado que me toca y habiendo tenido oportunidad de poder hablar bastante con más de uno, creo que el tipo de queja ha cambiado y efectivamente se ha incrementado.

Antes venía por la dificultad de encontrar Domina. Muchos pensaban que era cuestión de oferta y demanda, aunque ya tenemos claro que no corresponde tanto a esto como a otras cosas, si es cierto que había más variedad de un rol que de otro.

Ahora el tema se centra en la cuestión económica. Parece que resulta muy complicado mantener una charla si no empiezan ofreciendo un tributo e incluso así es difícil. Por lo visto, también hay más facilidad a la hora del insulto gratuito.

Personalmente considero que esto si corresponde más a una venta del producto que a un cambio en las formas. Más de una vez me he topado con un sumiso que ha parecido quejarse de mi educación porque esperaba (o deseaba) algún tipo de humillación que conmigo no llegaba.

Y todos sabemos que para vender hay que ofrecer.

Pero si, que el FinDom parece estar en auge es un hecho. Que detrás, por la razón que sea, suele llevar emparejado una falta de estilo y educación es innegable.

¿Estamos ante la cosificación del sumiso?

Pues quien sabe.

No voy a negar que en cierto modo me hace gracia ver que algunos sufren algo que ellos mismos han hecho. Pero es verdad que para quienes viven esto de una manera más profunda y buscan algo verdadero y sin interés económico es una faena y lo complica todo bastante más.

Se me escapan dos ámbitos bedesemeros y son los de las relaciones Dominante / sumiso y las de Domina / sumisa.

No he tenido mucha oportunidad de charlar con sumisas que buscaran Ama, y con la que lo he hecho me secuestró con facilidad, así que no me sirve para teorizar.

Si por casualidad alguien de los que me leen pertenecen a estos grupos, estaría encantada de saber cómo habéis visto la evolución con los años.

Para concluir, me da la sensación que, como en la mayoría de las cosas, todo es cíclico y corresponde en gran parte a una realidad paralela de la que a veces parecemos querer olvidarnos.

Veremos lo que nos espera en 10 años (eso si sigo escribiendo y ejerciendo).

27 abr 2022

El cazador, cazado.

Primera parte.

 

Teníamos claro que nos habían descubierto.

Aquella escena íntima estaba siendo presenciada por alguien con quien no contábamos.

Sin embargo, una vez superada la sorpresa inicial y comprobando con una mirada mutua que todo estaba bien, decidimos invitar a aquel mirón que parecía tan asombrado como nosotras.

Le dije a mi sumisa que se vistiera y que lo trajera.

No sé cuál de sus caras expresaba más vergüenza, si la de ella teniendo que ir a buscar a quien a lo lejos cotilleaba mientras la azotaba, o la de él que además de haberse visto descubierto, era invitado a algo que desconocía.

A pesar de todo, debió convencerle con rapidez, porque no tardaron mucho en recorrer la corta distancia que nos separaba.

- ¿Has disfrutado con lo que has visto?

Le pregunté al tener a nuestro invitado cerca, y él respondió:

- Ha sido... curioso.

Miré a mi sumisa, y en uno de esos instantes de conexión mágica, entendió rapidamente lo que pasaba por mi mente y con una sonrisa confirmó que podía proseguir con lo que tenía en mi cabeza.

- ¿Y no quieres saber que se siente?

Respondí mientras le empujaba lentamente hacía aquel marco de piedra que antes nos había servido de escenario.

Teniéndole tan cerca, pude comprobar como lo que de lejos parecían unos ojos azules, en realidad eran de diferente color. Uno azul y otro verde. Una heterocromía que casi desaparecía por lo dilatadas que tenía sus pupilas.

- Creo que sí.

Respondió con un susurro.

Levanté sus brazos para que pudiera apoyarse, y le di un par de palmadas en su trasero.

- No, esto no suena bien.

Comencé a decir mientras llevaba mis manos a su cinturón para desabrocharlo y sacarlo de sus presillas.

Le tenía tan cerca que podía sentir perfectamente como su respiración se aceleraba.


 

Sumisa, desvístele de cintura para abajo.

Dije mientras me separaba lo justo y poder observar mejor la escena que iba a producirse.

Tan obediente como casi siempre, se puso a su lado y comenzó a soltar los botones del pantalón y a bajar la cremallera para deslizar aquel vaquero hasta sus tobillos.

Ambos me miraron. Parecía que por sus cabezas se había pasado el mismo pensamiento.

- Creo que tú no estabas así cuando él cotilleaba a lo lejos.

Y de nuevo se compenetraron para respirar profundo y tragar saliva mientras yo me divertía con esa vergüenza repentina que ambos trataban de disimular.

Suavemente, le bajó el calzoncillo dejándolo todo al aire. Accesible y disponible.

Le di a ella el cinturón que aún sostenía y recuperé mi posición detrás de él.

Arañé sus cálidas nalgas antes de empezar a azotarlas con un rítmico compás que de nuevo se mezclaba con el sonido de los árboles y el del río.

Pronto comenzaron a arder de una manera mucho más especial. Esa que solo provoca la palma de mi mano, acariciando de una forma muy sutil y placentera.

Los primeros gemidos, mezcla de placer y de cierta molestia, comenzaron a salir entre sus labios que buscaron rozar mi piel para acallarlos.

- ¿Quieres que siga?

- Si, por favor.

- Vaya, parece que no solamente te gusta mirar...

Cogí el cinturón que le había dejado a mi sumisa, lo doble para poder manejarlo con facilidad y me acerqué a él deslizándolo por sus nalgas y que pudiera sentir el tacto del cuero.

- Yo me apoyaría mejor. Esto va a ser un poquito más intenso.

En cuanto vi la presión de sus manos en la piedra, crucé su trasero con aquel improvisado juguete.

Lo que hacía un rato habían sido gemidos de placer, se convirtieron en intensos suspiros que salían de lo más profundo.

Me divertí usándole, agotándole lo necesario para que siguiera queriendo más. Dándole a sus nalgas un bonito tono rojizo llenas de líneas que se cruzaban entre ellas.

Volví al lado de mi sumisa, que parecía recrearse con aquella escena. La abracé por detrás y observamos que no éramos las únicas disfrutando del momento.

Él bajó su cabeza al percatarse de que le estabamos recorriendo con la mirada y que nos habíamos dado cuenta de que aquello le había excitado

Le susurré a mi sumisa algo al oido y aunque se ruborizó y me miró extrañada, no tardó en cumplir mi orden, mientras yo me acercaba de nuevo a nuestro invitado especial.

- ¿Te ha gustado esto más que mirar?

- Si, Señora.

- ¿...Y crees que has pagado por el espectáculo que te hemos ofrecido...?

Me observaba extrañado mientras yo le acariciaba lentamente sus labios con la yema de mis dedos.

- ... Bueno, diría que sí...

- Yo estaría de acuerdo contigo, pero por ahora solo me has pagado a mí, y ella también quiere su parte.

Le respondí mientras le giraba para que pudiera ver que mi sumisa había cogido la vara con la que un rato antes fue azotada, y se acercaba con claras intenciones.

 

*** FIN ***

 

Muchas gracias a Sr G, protagonista invitado y quien ha tenido a bien cederme las dos fantásticas imagenes que acompañan este relato, que quien sabe si podrá ser recreado.

24 abr 2022

Pertenecer (nos).

Hay ocasiones en las que ocurren cosas curiosas, o quizás nos damos cuenta de una manera mucho más consciente.

Estaba yo el otro día en un momento de cochineo activo, muy centradita en lo que me corresponde y disfrutando convenientemente.

Vamos, que tenía todos mis sentidos en el tema en cuestión y de repente mi cerebro se nubla (Casi como ahora al escribir este post, que alguien me está distrayendo malévolamente) y empiezo a pensar, o más bien diría sentir, en uno de mis sumisos.

En ese instante él estaba a muchísimos kilómetros, pero si me dicen que en cualquier momento podría haber entrado por la puerta, me lo hubiera creído.

Fue una sensación muy extraña pero a la vez agradable.

Como decía al comenzar, no es algo que pase muy de vez en cuando, sino que ocurre bastante a menudo (al menos a mí).

Si estoy con cualquiera de mis sumisos, intento estar centrada al 100 x 100, además de en las prácticas que realizamos, en disfrutar de todas esas cosas que te ofrece tener a tu propiedad cerca. Intento exprimir el tiempo para que no se pierda nada, incluso al dormir (aunque suela ser poco).

Y aun así siempre hay algún instante en el que me acuerdo de mis otras personitas. A veces por un detalle y otras, como ocurrió en esta ocasión, de una manera muchísimo más intensa. Sentir que se echa de menos a alguien, aunque estés disfrutando un montón de lo que estás haciendo.

 

Para mí, además de ser una muestra de que la unión que existe entre nosotros es real y no postureo, lo es de que por mucho que algunos lo crean imposible, se pueden tener varias relaciones a la vez y disfrutar de todas ellas sin necesidad de crear competiciones absurdas que no llevan a ningún lado.

Les tengo a todos presentes, y no solo cuando estamos juntos. No hay día en el que no piense en compartir algo con ellos o me sorprenda sonriendo como una boba al recordar algún momento vivido.

Sí que es algo que me resulta mucho más curioso cuando estoy en esos instantes más activos, donde como señalaba antes, mi mente intenta estar solamente para la persona con la que estoy, pero imagino que al final lo que llevas dentro, sale sin poder controlarlo.

Seguro que alguno puede pensar que si se me ocurre decir lo que se me está pasando por la cabeza en ese momento, el sumiso con el que esté se lo tomará fatal… Pero no.

Todos entienden que hay otras personas que forman parte de este lado mío, y que me aportan de igual manera, así que lo ven como una ventaja y no como algo por lo que preocuparse.

Me siento muy libre con ellos, y lo soy porque irónicamente mi libertad forma parte de su bienestar.

 

20 abr 2022

Dando Fe.

¿Me vas a dejar que te azote?

3 o 4 veces.

¿Y qué use el strap?

¡Ay, no…!

Eres un quejica.

… No me digas eso…

 

Aquella mañana había empezado de una manera muy diferente. Nos habíamos juntado para un trámite laboral poco agradable y que fue más lento de lo deseable. Y aunque compartir un instante siempre nos ha resultado de lo más placentero, realmente había ganas de otra cosa.

Al terminar y llegar a un lugar mucho mas privado, comenzaron los primeros acercamientos. Esos que dan paso a miradas especiales, roces mucho más oportunos, deseo que no quiere ser contenido…

Temblores…

Una corbata que deshacer y una hilera de botones que desabrochar.

Pezones que desaparecen entre mis dedos y provocan gemidos que necesitan ahogarse mientras besa mi cuello.

Necesidad de cambiar las luces por las sombras de un dormitorio.

Deshacerse de la ropa que dificulta el acceso a lo que quiero usar. 


 

Una caricia que recorre con mis dedos hasta donde acaba la espalda… Un trasero que se endurece…

¿Me vas a dejar que te azote?

3 o 4 veces.

Mi mano empieza a hacer su trabajo. El cuarto llega demasiado pronto.

¿A qué puedo seguir?

Si, por favor.

Pronto perdemos la cuenta e incluso cambiamos la mano por lola.

Ella también te echaba de menos.

Que cabrona eres.

Un ligero empujón y acaba en la cama. Mirándome expectativo. Sabe bien que no me voy a conformar con eso.

Me coloco a su lado y mis dedos torturan sus pezones. Ya no hay ligeros gemidos, ahora una mezcla de placer y de dolor sale de su boca encendiéndome aún más.

Cambio de postura, me coloco entre sus piernas pegándome todo lo posible.

¿Y qué use el strap?

¡Ay, no…!


Muevo mi pelvis ligeramente, presionándola contra él. Su excitación crece y se hace visible.

Aprieto mis uñas en sus muslos mientras sigo bailando entre sus piernas.

Nada consigue que nuestras miradas se despeguen ni un segundo.

… Parece que te gusta…

Con esa cara de Zorra estás preciosa…

Menudo piropo…

Me quito el jersey y me inclino hacia delante. Puedo sentir como se acelera su respiración…

La poca distancia que nos separa desaparece y él se mueve acompañando el ritmo que marco.

No puedo evitar sonreír, me sale de dentro.

… Vale, hazme lo que quieras…

Muchas gracias por tu amabilidad.

Vuelvo a ponerme recta  y le abofeteo.

No sé que disfruto más, si su cara de sorpresa o el calor que se queda en la palma de mi mano.

Continuo moviendo mi cadera, marcando un juego en el que aunque no haya látex de por medio deja muy clara la intención.

¿… Lo que yo quiera…?

Sabes que sí.

Y como ya tengo lo que quiero, compartimos un momento de intimidad que se queda para nosotros.

Nos fumamos un cigarro. Risas y naturalidad tras comprobar de nuevo que seguimos compenetrándonos muy bien.

Llega la hora de despedirse, nos vestimos y le acompaño a la puerta.

Eres un quejica.

… No me digas eso…

Quiero más.

… Yo también…