26 feb. 2020

Accesible


Apoyada en el marco de la puerta podía observar como cada centímetro de tu piel esperaba cualquier movimiento o ruido que pudiese revelar donde estaba.

Ya había pasado un rato desde que te pedí que me esperaras a cuatro patas, en el borde de aquella cama.

Los dos sabíamos que estabas disfrutando tanto de aquel momento como de lo que podría venir después… 

¿Cuánto tiempo hacia que me había ido? Quién sabe, pero no me habría importado nada alargar mucho mas aquel momento.

Es una escena que me fascina, verte expectante… saboreando esos instantes previos a que llegue todo lo que se me puede ocurrir. 

Accesible.

Aun así, las ganas de usarte siempre superan mi paciencia. 



Me acerqué al borde de la cama y acaricié tu trasero, sentí cada poro de tu piel erizándose. Una reacción química necesaria que desencadena todo lo que está por llegar.

Me moví alrededor de la cama, viendo como en tu cara se dibujaba una sonrisa. Tus ojos buscaban los míos, quizás en busca de una señal que no llegaba.

Regresé al borde de la cama, sujeté tus caderas y las arrastré hasta que tu trasero chocó contra mí. Un gesto un tanto rudo, que sin embargo fue el culpable de que uno de esos primeros gemidos que tanto me gustan saliese de tu boca. 

Deslicé mis dedos entre tus nalgas y comencé a hurgar en ellas, moviéndolos lentamente pero con un ritmo que dejaba bastante claro lo que pretendía. Poco a poco conseguía meterlos más. Acelerando el movimiento casi al mismo ritmo de tus jadeos.

Hay calores muy especiales: este… el que desprende tu cuerpo después de azotarlo, el de tu boca cuando juego con ella…

Pude notar como tomabas aliento cuando sentiste que un dedo más comenzaba a hacer su trabajo, por un instante pareció que te retirabas pero no tardaste en recuperar la postura para ofrecerme tu cuerpo una vez más.

No sé cuál de los dos disfruta más cuando consigo lo que quiero. Puedo notar cuando esa tensión inicial pasa a ser relajación y placer. 

Ese es el momento en el que necesito un poco más. 

Te pido que te des la vuelta, acerco un cojín al borde de la cama y te colocas encima sin necesidad de decir nada más. Ya sabes lo que viene a continuación. 

Me separo lo justo para que veas cómo me quito lo que me incomoda y me pongo lo necesario. 

Me acerco, acaricio tu pecho con mis uñas… jugueteo con mis dedos entre tus piernas que no tardan en abrirse más a ellos. 

Lo estas deseando. Quieres sentirme y tu cuerpo me lo hace saber.

Tu mirada de espera cambia a esa que necesita, que desea. 

Me coloco y te mueves para acelerar el momento, me transmites tus ganas y no tardo en darte un poco de eso que tanto te gusta. Sólo en comienzo, lento y suave. 

Retraso todo lo que puedo esa necesidad de estar dentro de ti, y es casi cuando menos te lo esperas cuando te invado por completo. 

Me quedo quieta, sintiendo tu respiración acelerada que me pide que siga moviéndome y que no lo haga despacio. 

Te miro y sonrío. 

Salgo de ti, dejándote totalmente fuera de juego. Ha durado demasiado poco.

Te agarro del collar y entiendes que ya no te quiero en la cama. Caminamos hacia esa otra estancia donde de una de las vigas colgaban unas sujeciones.

Siempre accesible…

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